Jubilaciones y empleo
Con datos oficiales de aportantes y beneficiarios, un ejercicio simple muestra por qué la ecuación del sistema de reparto ya es deficitaria y por qué jubilarse sin haber aportado es asistencia social, no una jubilación.
Quien no aporta no puede jubilarse
Habíamos dicho que para que un sistema de reparto sea sostenible en el tiempo, debemos contar con ciertas relaciones de equilibrio en las variables de natalidad, longevidad y empleo. Hemos visto que la natalidad está en descenso y la longevidad en aumento, lo cual va en contra de lo que requiere este sistema.
Aquí el profe Espert (con quien no me une más que haber sido su alumna de Econometría en los '90) planteaba hace unos días que quien no aporta no puede jubilarse. Así dicho es una obviedad, obviedad que la sociedad parece olvidar cuando conviene.
El caso del ama de casa, por el absurdo
¿Volvemos a la escuela? ¿recuerdan algo así como la demostración por el absurdo? Por un minuto pensemos que tenemos un sistema de capitalización y que el ama de casa llega a los 60 años y quiere jubilarse: ¿ha ahorrado? no. ¿tiene con qué jubilarse? no. Entonces ¿por qué en el sistema de reparto se le diría que sí? No sólo no contribuyó en su momento para sostener a las generaciones precedentes, sino que ahora asfixia a los aportantes actuales y a la sociedad toda. ¿Por qué digo esto? porque cuando un sistema jubilatorio está quebrado se echa mano de otras fuentes de financiamiento como recursos de impuestos (nuevos o existentes) o emisión (inflación). Cualquiera sea la solución, se está quitando recursos generados a otros fines.
¿Cómo se soluciona el problema del ama de casa? Su marido debió hacer aportes al sistema en su nombre si pretendía luego jubilarse bajo el sistema oficial, hacer depósitos a un seguro de retiro privado (que nunca dejaron de existir) o formarle algún tipo de ahorro o capital que en un futuro pudiese financiar su subsistencia. De no hacerlo, la señora no debería tener más opción que vivir del ahorro y la jubilación de su cónyuge (y, más adelante, de su pensión al enviudar).
Un jubilado que no ha hecho aportes e ingresa al sistema vía moratoria, lo que tiene es una asistencia social y no una jubilación.
El ejercicio de lápiz y papel
Pero como en este mundo es ciego quien no quiere ver, y para que una vez más comprueben que toda la información necesaria está al alcance de la mano y analizarla no requiere mucho más que lápiz y papel, les propongo un ejercicio muy sencillo. La Secretaría de la Seguridad Social publica un revelador Informe de Alcance según el cual, a febrero de 2021, había 11.692.927 aportantes a la Seguridad Social y 6.154.891 beneficiarios previsionales (pueden comprobar que esta cifra no incluye pensiones no contributivas, AUH, seguro por desempleo ni asignaciones familiares).
Imaginemos un escenario de salarios constantes, es decir que en términos reales hubieran mantenido su poder adquisitivo, y en donde cada persona ganara $100 al mes. Bajo esta premisa, hoy estamos recaudando $315,7 millones, que resultan de multiplicar el número de aportantes x $100 x 0,27 (11% de retenciones al empleado + 16% de cargas sociales del empleador), y debemos afrontar jubilaciones por $504,7 millones, que se obtiene de multiplicar el número de jubilados x $100 x 0,82 (pues se les ha prometido un 82% de su salario).
Ya a simple vista se ve que las cuentas no dan, y que la perspectiva es un mayor déficit a medida que se siga incrementando el número de beneficiarios (más ingresos de jubilados sin aportes, mayor longevidad y menor nivel de empleo). Y si hasta aquí el panorama es desolador, lo es más aún cuando pensamos en que los salarios en términos reales vienen sufriendo un marcado deterioro década tras década.
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